
¡Muchachos...!
A la quinta Recaeta,
cada cual con su cometa.
Ay, que la mía no sube.
Ay, que sube
Sube, sube, mi cometa
y no el viento
sino mi corazón
le presta el movimiento.
¡Muchachos...!
Ya no hay quinta Recaeta.
Y sin embargo... Cada uno
de nosotros, tenemos una cometa.
Más allá de los rascacielos
por arriba de los palacios
está el viento.
¡Amigos! ¡El viento...!
Yo tengo veinte cometas.
Subid vosotros las vuestras.
¡Arriba! ¡Al viento!
Tenso el hilo
y un nudo de amor en el corazón,
para pulsar el viento.
¡Amigos! ¡El viento...!




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La obra de Liber Falco, fue y es una dosis de vanguardia para las letras del país. Logró niveles de autonomía y distancia entre lo propio, lo local y lo de afuera. Ni masivamente leído, ni expresión minoritaria. No fue la reconstrucción minimalista de un texto y un contexto, sino más bien el mapa afectivo de un hombre, una cartografía de deseos, amores y temores. Es la búsqueda de lo entrañablemente “popular”, por su austera y sencilla belleza. De sus poemas surgen las claves de interpretación de la ciudad, las señas y señales de escenas y personajes, que todos conocemos, sobre todo a esa hora después del boliche, en la media luz del atardecer o del amanecer. Tiempo y Tiempo es acciones socio-estéticas, arte y política, identidades narrativas. El mundo social, y el inmenso mundo interior, humano, demasiado humano, a través de imagen-palabras. Y entre las rupturas y el sube y baja, sin embargo, los hechos no carecen de historicidad, hay un “yo” comprometido con lo urbano, con los baldíos y los amigos, y los llantos provenientes de otros muros, de otras guerras y revoluciones. El pasado no queda ente paréntesis, quedan textos y contextos, sentimientos, futuro y mucha vida. Muros, niños, cometas, vino, Montevideo madre cruel. El pulso de una ciudad, y una literatura con cadencia fotográfica, en clave de libertad.




