
A veces los algodones grises
de la soledad,
rozan mi pupila.
Y brilla...
Entonces, los horizontes
no son ya...
hay plenitud.
Pero me pesa el recuerdo
y en los senderos de la noche
-regazos que abrieron del misterio-
muerdo la almohada negra del silencio.
Y espero.
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