
Ya por el aire navega tu memoria
y todo viene a mí como fue entonces.
Oh! sueño, ensueño, tiempo y tiempo
para siempre y siempre detenido.
Monstruosamente múltiple
se alza
se alzaba el mar sobre los malecones
mordiendo los costados de la tierra.
Y tú tuviste miedo, frío, amor tuviste.
Y amor hubo, miedo, amor, en nuestros corazones.
Cuando entonces por eso
se puebla el mar a tu conjuro
y un aire conocido dispone sus fantasmas,
y yo estoy solo, y la furia del mar puebla la tierra,
seres de niebla, blancos, se sientan a mi lado
y conmigo conversan como hermanos.
Luego vienes tú, flotando como harina.
Y silenciosa y blanca, fina y fría
vas diciendo tu nombre, hermana mía,
y en el aire derramas tu aire triste.
Mas, ya no basta tu nombre y su dulzura
cuando ahora, el recuerdo de todo me golpea.
Tú del mar venida, hecha de bruma acaso,
o de los sueños acaso rescatada,
vete y déjame solo.
Deja morir lo que ha muerto.
Lo que hemos dejado morir,
muerto de frío
del otro lado de los sueños, sueña.
Del otro lado está, y para siempre,
en un aterdecer de mar y olvido.






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La obra de Liber Falco, fue y es una dosis de vanguardia para las letras del país. Logró niveles de autonomía y distancia entre lo propio, lo local y lo de afuera. Ni masivamente leído, ni expresión minoritaria. No fue la reconstrucción minimalista de un texto y un contexto, sino más bien el mapa afectivo de un hombre, una cartografía de deseos, amores y temores. Es la búsqueda de lo entrañablemente “popular”, por su austera y sencilla belleza. De sus poemas surgen las claves de interpretación de la ciudad, las señas y señales de escenas y personajes, que todos conocemos, sobre todo a esa hora después del boliche, en la media luz del atardecer o del amanecer. Tiempo y Tiempo es acciones socio-estéticas, arte y política, identidades narrativas. El mundo social, y el inmenso mundo interior, humano, demasiado humano, a través de imagen-palabras. Y entre las rupturas y el sube y baja, sin embargo, los hechos no carecen de historicidad, hay un “yo” comprometido con lo urbano, con los baldíos y los amigos, y los llantos provenientes de otros muros, de otras guerras y revoluciones. El pasado no queda ente paréntesis, quedan textos y contextos, sentimientos, futuro y mucha vida. Muros, niños, cometas, vino, Montevideo madre cruel. El pulso de una ciudad, y una literatura con cadencia fotográfica, en clave de libertad.



