
Estoy debajo de mis sueños.
Ya ni estrellas ni pájaros nocturnos
levantarán mi canto.
Puente de plata y oro es el amor.
Amada, tú eras el único asidero
pero yo he mirado al abismo
donde ondula (libre de nosotros)
el limo de mis sueños y tus sueños.
Desde entonces ah!
qué solo estoy en la tierra.
Y tú, qué sola.
No lo sabes y disuelves tus lágrimas en risas.
Desde entonces,
cuando apoyo mi frente
en el tibio regazo de tu seno,
algo quiero olvidar que no conozco todavía.
Y crece mi ternura para ahuyentar el miedo.
Lejana erra mi alma
y en sus flancos llueve la tristeza.
Deja que te llore y que me llore allá...

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La obra de Liber Falco, fue y es una dosis de vanguardia para las letras del país. Logró niveles de autonomía y distancia entre lo propio, lo local y lo de afuera. Ni masivamente leído, ni expresión minoritaria. No fue la reconstrucción minimalista de un texto y un contexto, sino más bien el mapa afectivo de un hombre, una cartografía de deseos, amores y temores. Es la búsqueda de lo entrañablemente “popular”, por su austera y sencilla belleza. De sus poemas surgen las claves de interpretación de la ciudad, las señas y señales de escenas y personajes, que todos conocemos, sobre todo a esa hora después del boliche, en la media luz del atardecer o del amanecer. Tiempo y Tiempo es acciones socio-estéticas, arte y política, identidades narrativas. El mundo social, y el inmenso mundo interior, humano, demasiado humano, a través de imagen-palabras. Y entre las rupturas y el sube y baja, sin embargo, los hechos no carecen de historicidad, hay un “yo” comprometido con lo urbano, con los baldíos y los amigos, y los llantos provenientes de otros muros, de otras guerras y revoluciones. El pasado no queda ente paréntesis, quedan textos y contextos, sentimientos, futuro y mucha vida. Muros, niños, cometas, vino, Montevideo madre cruel. El pulso de una ciudad, y una literatura con cadencia fotográfica, en clave de libertad.



